h1

Pequeño desastre animal

12 Mayo, 2009

No he buscado a nadie, llevo días buscándome yo
no quiero pensar en Madrid ni en su reloj.
Duermo por las tardes,
por las noches me invento su voz
En las sombras me veo al revés
en los libros me encuentro mejor

Estatua de sal prepara tu salto mortal
No te puedo calmar pequeño desastre animal

Pinto en los espejos personajes de ciencia ficción,
que escapan a su otra mitad sin pedirle permiso al creador
Y ensucio recuerdos cuando echo la vista hacia atrás,
he mezclado en el mismo cajón mis historias, sus fotos y un plan.

Estatua de sal prepara tu salto mortal
No te puedo esperar pequeño desastre animal

Estatua de sal prepara tu salto mortal
No te puedo esperar pequeño desastre animal

Ee tu de que vas vas , dime si vas a saltar
Hoy no puedo esperar, ven pequeño desastre animal

h1

Expomanga ‘09

11 Mayo, 2009

Gracias por el fin de semana ;-)

IMG_0804

IMG_0797

IMG_0759

IMG_0800

h1

Etiquetando

8 Mayo, 2009

Las etiquetas ordenan el mundo; o mejor, hacen de un caos, un mundo. Por eso, etiquetar, nombrar, es crear. Y por eso también, conseguir alterar las etiquetas, reetiquetar las cosas o los acontecimientos, es destruir un mundo y hacer otro. Es hacer de un terrorista un resistente, de un excluido, un oprimido.

h1

¿Comprometerse?

8 Mayo, 2009

Actualmente existe un mercado local, global y virtual que parece inagotable. Entonces ¿para qué comprometerse? ¿Para qué limitarse a una persona, que encima te impide ir a tu ritmo? Al igual que vivimos del capricho de la inmediatez y de la abundancia, nuestras relaciones siguen el mismo proceso. La pareja tiene que darlo todo o nada. Una excusa perfecta para ir deshojando margaritas, esto es, para mantener múltiples relaciones que, a la postre, acaban dejando un gusto agridulce que con el tiempo se hace amargo.

El afán modernizador convierte a tu pareja en algo que también queda desfasado cada temporada. El matrimonio de por vida está anticuado y se impone un matrimonio con contrato basura. La noción de compromiso, que era el eje de la confianza mutua, se ha convertido en paleolítica, porque dificulta esa modernización compulsiva. Y esa falta de compromiso genera también en la pareja y en la familia personas redundantes: gente que sobra por doquier. Todos sobramos o algún día sobraremos.

La falta de compromiso ocurre no solo en el ámbito de las parejas sino también en muchos otros contextos de la vida. Es una característica de la modernidad imperante y de sus modelos, que en los medios de comunicación no paran de casarse y descasarse. Hoy los compromisos son descomprometidos. A todo ello se atribuyen los cambios sociales a los que asistimos. Si antes la figura del solterón o solterona, llamados actualmente singles, eran sospechosos, hoy gozan de prestigio social y tienen a su alrededor toda una industria dispuesta a satisfacer sus necesidades.

Y, claro, nadie quiere salir desfavorecido cuando la relación se basa en la igualdad.

h1

Carta abierta al Parlamento Europeo

3 Mayo, 2009

Rellena el siguiente formulario

Rellenando el siguiente formulario puedes enviar un mensaje a los 54 eurodiputados españoles en relación a la
Carta abierta al Parlamento Europeo. Escríbeles lo que consideres
oportuno pero sé respetuoso, sólo de esta manera nuestras peticiones serán escuchadas.

Nombre:
E-mail:
Asunto:
Mensaje:

Política de Privacidad

xmailer copyleft Isaac Hacksimov 2009, licencia GPLv3, powered by Hacktivistas.net

h1

Errores y creaciones

30 Abril, 2009

La perspectiva del tiempo produce un efecto curioso en las cosas que hemos vivido. Lo que un día nos pareció un acierto, una obsesiva realidad, se contempla después como un monumental o garrafal autoengaño. Y nos decimos “¡Que engañado estaba!”. Cierto que, como profetizó el fundador del circo, Phineas Taylor Barnum, cada minuto nace un idiota, o llamémoslo más finamente, un ingenuo. Hay personas más fáciles de engañar, mérito sin duda del engañador. Pero otra cosa es la capacidad de autoengañarnos. Y eso depende sólo de nosotros. Y en eso somos unos auténticos artistas. Creadores de primera. ¿Quién no ha soñado y se ha creido su sueño?

Ningún artista crea de la nada, sino a partir de creer en lo que puede convertir esa nada. Las creencias anteceden a los hechos. Y al creer, creamos. Y no podemos dejar de creer en lo que nosotros mismos hemos creado. Aunque sea el mayor error de nuestra vida…

h1

…sueños son. – Él

16 Abril, 2009

Con los ojos cerrados, oía un traqueteo de fondo. Entreabrió los ojos. Se dio cuenta de que permanecía allí. Seguía sentado en el asiento del tren. Los rayos de sol se dejaban ver a través de la ventana. Miró a su alrededor. Las personas que la noche anterior dormían plácidamente ahora conversaban, mientras algunas comían. El chico que tenía enfrente todavía dormía. Se estiró. Al intentar incorporarse, despertó al joven. Se disculpó, ante lo que él dijo que no pasaba nada, que ya era hora de levantarse. Fue al vagón cafetería, ahora abarrotado. Tomó asiento cerca de la barra, mirando a la ventana. Pidió un café con leche y sacó unos bollos de su cazadora. Pagó, y mientras le servían el café en un vaso de papel, se comió uno. Sujetó su vaso, tomó un sorbo y esbozó una media sonrisa.

Al fin y al cabo, solo había sido un sueño.

h1

A game

16 Abril, 2009

My eyes keep closed…

Tic.

Tac.

I can’t see…

Tic.

Tac.

And, suddenly…

Tic.

Tac.

Me was not me.

Can’t hear the clock. Can’t smell the air. My eyes are closed. But I see myself. Like in a mirror. But it’s me the one that follows his movements. Wanna run. Can’t move. He smiles. I do the same. Welcome to my world, he sais. It’s my turn. Now, I’ll play the game. Ok, I reply.

Let’s see your style

h1

Reencuentro

10 Abril, 2009

Paseaba en dirección a su casa. Había pasado la tarde sentado en un banco en la calle, mirando a la gente pasar. Observando rostros sin nombre, imaginando como serán sus vidas por su caminar. Al llegar la noche se incorporó de su asiento y pensó en no regresar a casa esa noche. En buscar un lugar donde poder tomar un café y simplemente ver pasar las horas. Ahora nadie le esperaba, a nadie le importaría verle llegar a la mañana siguiente. Sin embargo, vio que no llevaba dinero encima.

Resignado, metió las manos en sus bolsillos y buscó la calle que le llevara a su hogar. Caminaba despacio, parando en los escaparates, mirando cosas que no necesitaba.

Cuando dobló la esquina, creyó verla. Sin embargo, su imaginación solía pasarle malas jugadas. Se acercó a la chica por detrás, y una ola de su fragancia llegó a su nariz.

Ella se dió la vuelta. No cabía duda, era ella. Le esperaba en su portal.

- ¿Por qué? – Preguntó él.

Escuchó los pasos detenerse a su espalda y bajando la mano del botón, se giró hacia él. En sus oidos esa pregunta no hacia más que resonar, repitiendose una y otra vez mientras buscaba una respuesta. La calle se hizo silenciosa y sólo podía observar su rostro, sólo podía ver de nuevo sus ojos, notar en el ambiente de nuevo su aroma.

No sabía si en esa pregunta había odio, rencor, resentimiento o sólo curiosidad. Por eso bajó la mirada al suelo y suspiró, arqueando las cejas y dejando que su mente encontrara una respuesta. Pero sus labios no se movían, permanecieron en silencio durante varios minutos.

Finalmente le volvió a mirar.

-Porque te echo de menos.

- ¿Y ya está? – Preguntó él.

Miró a un lado e intentó buscar las palabras para explicar lo que sentía. Levantó el lado derecho de la boca, imitando una media sonrisa. Suspiró.

- Es que…no logro comprenderlo – Añadió. – Te vas, y… – La calle permaneció en silencio durante unos instantes. – y ahora, de repente, te presentas en mi portal, y me dices que me echas de menos.

Por su rostro resbalaba una lágrima. Él no podía saber si era de rabia, de pena, o de dolor. Al llegar a su barbilla, notó su cosquilleo, y la limpió con la mano.

- ¿Qué harías en mi situación? – Continuó. – Olvidarías lo que acaba de ocurrir, me abrazarías, y todo seguría igual que antes, ¿verdad?. No lo entiendo… – Sacudió su cabeza lentamente de lado a lado, remarcando sus movimientos. – Lo siento, pero no lo entiendo. No entiendo por qué te fuiste, no entiendo por qué has vuelto. Esto no es una película de Holliwood. Aquí la puerta no se abre por arte de magia, y todo vuelve a la normalidad. Las cosas han cambiado. Yo he cambiado. Y si de verdad me echas de menos… -de nuevo el silenció se hizo partícipe de la conversación. – demuestrámelo.

Volvió a mirarla. Bajó de nuevo la vista. Sus manos temblaban, como la primera vez que la besó. Él recordó esa situación. Se acercó a ella, y, pillándola por sorpresa, la besó los labios. Un beso suave, dulce. Sus labios se separaron, y, sin separarse de ella, la susurró al oído:

- Para mí sigues siendo alguien muy importante. Pero toda acción tiene su consecuencia. Si me echas de menos, demuéstramelo.

Se separó de ella. Poco a poco, se fue acercando a la puerta. Sacó las llaves y empujó la puerta del portal hacia dentro. Ahí, esperó.

Escuchó en silencio todo lo que él tenía que decir. Durante días se había preparado mentalmente para esas palabras que tanto le dolían, pero que podía soportar.

Cuando susurró esas últimas palabras, tras ese dulce beso sus ojos se cerrarón y suspiró, sintiéndose cada vez peor por todo. Escuchó la puerta abrirse y de nuevo le miró, girando un poco su cuerpo.

-Tu querías la libertad, querías huir de todo, escapar y forjar una nueva vida lejos de aquí. Pero yo al contrario que tu quería permanecer, no despertar, huir dentro de mi misma… y cuando por fin lo logré supe que no podria encerrarte en ese mundo, que jamás querrías seguir atado a mi de esa manera y que te cansarías. ¿No es así? ¿Acaso no has cambiado en ese sentido? ¿No eres libre ahora?

Suspiró y agachó la cabeza, entrando en el portal pero quedandose en la puerta, cerca del cristal, notando el frío y la oscuridad que había allí dentro.

-¿Acaso no te demuestro ya lo mucho que te echo de menos volviendo aquí? Te pido disculpas, por hacer lo que creía que era mejor para ti pero jamás he dejado de quererte.

La dejó terminar mientras él estaba apoyado en la pared. Cuando acabó, se incorporó y caminó a encender la luz. Vio su rostro iluminado. No había cambiado. Claro que, pensó, no tenía por qué haber cambiado. Sólo habían pasado un par de meses.

- ¿Sabes? – Empezó – Me he preguntado muchísimas veces por qué te fuiste. No podía alcanzar a comprenderlo. Y huí. Me fuí, lejos de aquí. Una vez tenía la libertad de hacerlo, quería experimentarlo. Y lo que experimenté fué… igual. Era la misma sensación. Descubrí que el lugar no importa. La sensación era igual. Eran lugares desconocidos, gente desconocida. Pero una sensación muy familiar. Pero había algo diferente. Tú no estabas allí. Y en aquellos momentos te necesitaba más que nunca.

La miró. Ahora, el rostro de él expresaba otro tipo diferente de sonrisa.

- Me di cuenta de que lo único que hacía diferente esos lugares eras tú. Y, sin embargo, te habías ido. Tenía libertad, pero si no podía utilizarla de nada me servía. Y supe que mi libertad, me la dabas tú.

Se acercó a ella, que aún seguía al lado del cristal de la puerta.

- Quiero una segunda oportunidad. En serio. Quiero despertarme y ver que sigues a mi lado. Quiero darle envidia al mundo. Y quiero que si nos ocurre algo, lo hablemos. Y no desaparezcamos de la noche a la mañana.

Se quedó enfrente de ella, esperando una respuesta.

Ella asintió y acercandose a él le abrazó con fuerza. -No volveré a dejarte nunca.

h1

Reencuentro (III) – Él

9 Abril, 2009

Escuchó en silencio todo lo que él tenía que decir. Durante días se había preparado mentalmente para esas palabras que tanto le dolían, pero que podía soportar.

Cuando susurró esas últimas palabras, tras ese dulce beso sus ojos se cerrarón y suspiró, sintiéndose cada vez peor por todo. Escuchó la puerta abrirse y de nuevo le miró, girando un poco su cuerpo.

-Tu querías la libertad, querías huir de todo, escapar y forjar una nueva vida lejos de aquí. Pero yo al contrario que tu quería permanecer, no despertar, huir dentro de mi misma… y cuando por fin lo logré supe que no podria encerrarte en ese mundo, que jamás querrías seguir atado a mi de esa manera y que te cansarías. ¿No es así? ¿Acaso no has cambiado en ese sentido? ¿No eres libre ahora?

Suspiró y agachó la cabeza, entrando en el portal pero quedandose en la puerta, cerca del cristal, notando el frío y la oscuridad que había allí dentro.

-¿Acaso no te demuestro ya lo mucho que te echo de menos volviendo aquí? Te pido disculpas, por hacer lo que creía que era mejor para ti pero jamás he dejado de quererte.

La dejó terminar mientras él estaba apoyado en la pared. Cuando acabó, se incorporó y caminó a encender la luz. Vio su rostro iluminado. No había cambiado. Claro que, pensó, no tenía por qué haber cambiado. Sólo habían pasado un par de meses.

- ¿Sabes? – Empezó – Me he preguntado muchísimas veces por qué te fuiste. No podía alcanzar a comprenderlo. Y huí. Me fuí, lejos de aquí. Una vez tenía la libertad de hacerlo, quería experimentarlo. Y lo que experimenté fué… igual. Era la misma sensación. Descubrí que el lugar no importa. La sensación era igual. Eran lugares desconocidos, gente desconocida. Pero una sensación muy familiar. Pero había algo diferente. Tú no estabas allí. Y en aquellos momentos te necesitaba más que nunca.

La miró. Ahora, el rostro de él expresaba otro tipo diferente de sonrisa.

- Me di cuenta de que lo único que hacía diferente esos lugares eras tú. Y, sin embargo, te habías ido. Tenía libertad, pero si no podía utilizarla de nada me servía. Y supe que mi libertad, me la dabas tú.

Se acercó a ella, que aún seguía al lado del cristal de la puerta.

- Quiero una segunda oportunidad. En serio. Quiero despertarme y ver que sigues a mi lado. Quiero darle envidia al mundo. Y quiero que si nos ocurre algo, lo hablemos. Y no desaparezcamos de la noche a la mañana.

Se quedó enfrente de ella, esperando una respuesta.