Archivos de la categoría ‘Vidas Paralelas’

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…sueños son. – Él

16 Abril, 2009

Con los ojos cerrados, oía un traqueteo de fondo. Entreabrió los ojos. Se dio cuenta de que permanecía allí. Seguía sentado en el asiento del tren. Los rayos de sol se dejaban ver a través de la ventana. Miró a su alrededor. Las personas que la noche anterior dormían plácidamente ahora conversaban, mientras algunas comían. El chico que tenía enfrente todavía dormía. Se estiró. Al intentar incorporarse, despertó al joven. Se disculpó, ante lo que él dijo que no pasaba nada, que ya era hora de levantarse. Fue al vagón cafetería, ahora abarrotado. Tomó asiento cerca de la barra, mirando a la ventana. Pidió un café con leche y sacó unos bollos de su cazadora. Pagó, y mientras le servían el café en un vaso de papel, se comió uno. Sujetó su vaso, tomó un sorbo y esbozó una media sonrisa.

Al fin y al cabo, solo había sido un sueño.

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Reencuentro

10 Abril, 2009

Paseaba en dirección a su casa. Había pasado la tarde sentado en un banco en la calle, mirando a la gente pasar. Observando rostros sin nombre, imaginando como serán sus vidas por su caminar. Al llegar la noche se incorporó de su asiento y pensó en no regresar a casa esa noche. En buscar un lugar donde poder tomar un café y simplemente ver pasar las horas. Ahora nadie le esperaba, a nadie le importaría verle llegar a la mañana siguiente. Sin embargo, vio que no llevaba dinero encima.

Resignado, metió las manos en sus bolsillos y buscó la calle que le llevara a su hogar. Caminaba despacio, parando en los escaparates, mirando cosas que no necesitaba.

Cuando dobló la esquina, creyó verla. Sin embargo, su imaginación solía pasarle malas jugadas. Se acercó a la chica por detrás, y una ola de su fragancia llegó a su nariz.

Ella se dió la vuelta. No cabía duda, era ella. Le esperaba en su portal.

- ¿Por qué? – Preguntó él.

Escuchó los pasos detenerse a su espalda y bajando la mano del botón, se giró hacia él. En sus oidos esa pregunta no hacia más que resonar, repitiendose una y otra vez mientras buscaba una respuesta. La calle se hizo silenciosa y sólo podía observar su rostro, sólo podía ver de nuevo sus ojos, notar en el ambiente de nuevo su aroma.

No sabía si en esa pregunta había odio, rencor, resentimiento o sólo curiosidad. Por eso bajó la mirada al suelo y suspiró, arqueando las cejas y dejando que su mente encontrara una respuesta. Pero sus labios no se movían, permanecieron en silencio durante varios minutos.

Finalmente le volvió a mirar.

-Porque te echo de menos.

- ¿Y ya está? – Preguntó él.

Miró a un lado e intentó buscar las palabras para explicar lo que sentía. Levantó el lado derecho de la boca, imitando una media sonrisa. Suspiró.

- Es que…no logro comprenderlo – Añadió. – Te vas, y… – La calle permaneció en silencio durante unos instantes. – y ahora, de repente, te presentas en mi portal, y me dices que me echas de menos.

Por su rostro resbalaba una lágrima. Él no podía saber si era de rabia, de pena, o de dolor. Al llegar a su barbilla, notó su cosquilleo, y la limpió con la mano.

- ¿Qué harías en mi situación? – Continuó. – Olvidarías lo que acaba de ocurrir, me abrazarías, y todo seguría igual que antes, ¿verdad?. No lo entiendo… – Sacudió su cabeza lentamente de lado a lado, remarcando sus movimientos. – Lo siento, pero no lo entiendo. No entiendo por qué te fuiste, no entiendo por qué has vuelto. Esto no es una película de Holliwood. Aquí la puerta no se abre por arte de magia, y todo vuelve a la normalidad. Las cosas han cambiado. Yo he cambiado. Y si de verdad me echas de menos… -de nuevo el silenció se hizo partícipe de la conversación. – demuestrámelo.

Volvió a mirarla. Bajó de nuevo la vista. Sus manos temblaban, como la primera vez que la besó. Él recordó esa situación. Se acercó a ella, y, pillándola por sorpresa, la besó los labios. Un beso suave, dulce. Sus labios se separaron, y, sin separarse de ella, la susurró al oído:

- Para mí sigues siendo alguien muy importante. Pero toda acción tiene su consecuencia. Si me echas de menos, demuéstramelo.

Se separó de ella. Poco a poco, se fue acercando a la puerta. Sacó las llaves y empujó la puerta del portal hacia dentro. Ahí, esperó.

Escuchó en silencio todo lo que él tenía que decir. Durante días se había preparado mentalmente para esas palabras que tanto le dolían, pero que podía soportar.

Cuando susurró esas últimas palabras, tras ese dulce beso sus ojos se cerrarón y suspiró, sintiéndose cada vez peor por todo. Escuchó la puerta abrirse y de nuevo le miró, girando un poco su cuerpo.

-Tu querías la libertad, querías huir de todo, escapar y forjar una nueva vida lejos de aquí. Pero yo al contrario que tu quería permanecer, no despertar, huir dentro de mi misma… y cuando por fin lo logré supe que no podria encerrarte en ese mundo, que jamás querrías seguir atado a mi de esa manera y que te cansarías. ¿No es así? ¿Acaso no has cambiado en ese sentido? ¿No eres libre ahora?

Suspiró y agachó la cabeza, entrando en el portal pero quedandose en la puerta, cerca del cristal, notando el frío y la oscuridad que había allí dentro.

-¿Acaso no te demuestro ya lo mucho que te echo de menos volviendo aquí? Te pido disculpas, por hacer lo que creía que era mejor para ti pero jamás he dejado de quererte.

La dejó terminar mientras él estaba apoyado en la pared. Cuando acabó, se incorporó y caminó a encender la luz. Vio su rostro iluminado. No había cambiado. Claro que, pensó, no tenía por qué haber cambiado. Sólo habían pasado un par de meses.

- ¿Sabes? – Empezó – Me he preguntado muchísimas veces por qué te fuiste. No podía alcanzar a comprenderlo. Y huí. Me fuí, lejos de aquí. Una vez tenía la libertad de hacerlo, quería experimentarlo. Y lo que experimenté fué… igual. Era la misma sensación. Descubrí que el lugar no importa. La sensación era igual. Eran lugares desconocidos, gente desconocida. Pero una sensación muy familiar. Pero había algo diferente. Tú no estabas allí. Y en aquellos momentos te necesitaba más que nunca.

La miró. Ahora, el rostro de él expresaba otro tipo diferente de sonrisa.

- Me di cuenta de que lo único que hacía diferente esos lugares eras tú. Y, sin embargo, te habías ido. Tenía libertad, pero si no podía utilizarla de nada me servía. Y supe que mi libertad, me la dabas tú.

Se acercó a ella, que aún seguía al lado del cristal de la puerta.

- Quiero una segunda oportunidad. En serio. Quiero despertarme y ver que sigues a mi lado. Quiero darle envidia al mundo. Y quiero que si nos ocurre algo, lo hablemos. Y no desaparezcamos de la noche a la mañana.

Se quedó enfrente de ella, esperando una respuesta.

Ella asintió y acercandose a él le abrazó con fuerza. -No volveré a dejarte nunca.

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Reencuentro (III) – Él

9 Abril, 2009

Escuchó en silencio todo lo que él tenía que decir. Durante días se había preparado mentalmente para esas palabras que tanto le dolían, pero que podía soportar.

Cuando susurró esas últimas palabras, tras ese dulce beso sus ojos se cerrarón y suspiró, sintiéndose cada vez peor por todo. Escuchó la puerta abrirse y de nuevo le miró, girando un poco su cuerpo.

-Tu querías la libertad, querías huir de todo, escapar y forjar una nueva vida lejos de aquí. Pero yo al contrario que tu quería permanecer, no despertar, huir dentro de mi misma… y cuando por fin lo logré supe que no podria encerrarte en ese mundo, que jamás querrías seguir atado a mi de esa manera y que te cansarías. ¿No es así? ¿Acaso no has cambiado en ese sentido? ¿No eres libre ahora?

Suspiró y agachó la cabeza, entrando en el portal pero quedandose en la puerta, cerca del cristal, notando el frío y la oscuridad que había allí dentro.

-¿Acaso no te demuestro ya lo mucho que te echo de menos volviendo aquí? Te pido disculpas, por hacer lo que creía que era mejor para ti pero jamás he dejado de quererte.

La dejó terminar mientras él estaba apoyado en la pared. Cuando acabó, se incorporó y caminó a encender la luz. Vio su rostro iluminado. No había cambiado. Claro que, pensó, no tenía por qué haber cambiado. Sólo habían pasado un par de meses.

- ¿Sabes? – Empezó – Me he preguntado muchísimas veces por qué te fuiste. No podía alcanzar a comprenderlo. Y huí. Me fuí, lejos de aquí. Una vez tenía la libertad de hacerlo, quería experimentarlo. Y lo que experimenté fué… igual. Era la misma sensación. Descubrí que el lugar no importa. La sensación era igual. Eran lugares desconocidos, gente desconocida. Pero una sensación muy familiar. Pero había algo diferente. Tú no estabas allí. Y en aquellos momentos te necesitaba más que nunca.

La miró. Ahora, el rostro de él expresaba otro tipo diferente de sonrisa.

- Me di cuenta de que lo único que hacía diferente esos lugares eras tú. Y, sin embargo, te habías ido. Tenía libertad, pero si no podía utilizarla de nada me servía. Y supe que mi libertad, me la dabas tú.

Se acercó a ella, que aún seguía al lado del cristal de la puerta.

- Quiero una segunda oportunidad. En serio. Quiero despertarme y ver que sigues a mi lado. Quiero darle envidia al mundo. Y quiero que si nos ocurre algo, lo hablemos. Y no desaparezcamos de la noche a la mañana.

Se quedó enfrente de ella, esperando una respuesta.

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Reencuentro (II) – Él

9 Abril, 2009

Escuchó los pasos detenerse a su espalda y bajando la mano del botón, se giró hacia él. En sus oidos esa pregunta no hacia más que resonar, repitiendose una y otra vez mientras buscaba una respuesta. La calle se hizo silenciosa y sólo podía observar su rostro, sólo podía ver de nuevo sus ojos, notar en el ambiente de nuevo su aroma.

No sabía si en esa pregunta había odio, rencor, resentimiento o sólo curiosidad. Por eso bajó la mirada al suelo y suspiró, arqueando las cejas y dejando que su mente encontrara una respuesta. Pero sus labios no se movían, permanecieron en silencio durante varios minutos.

Finalmente le volvió a mirar.

-Porque te echo de menos.

- ¿Y ya está? – Preguntó él.

Miró a un lado e intentó buscar las palabras para explicar lo que sentía. Levantó el lado derecho de la boca, imitando una media sonrisa. Suspiró.

- Es que…no logro comprenderlo – Añadió. – Te vas, y… – La calle permaneció en silencio durante unos instantes. – y ahora, de repente, te presentas en mi portal, y me dices que me echas de menos.

Por su rostro resbalaba una lágrima. Él no podía saber si era de rabia, de pena, o de dolor. Al llegar a su barbilla, notó su cosquilleo, y la limpió con la mano.

- ¿Qué harías en mi situación? – Continuó. – Olvidarías lo que acaba de ocurrir, me abrazarías, y todo seguría igual que antes, ¿verdad?. No lo entiendo… – Sacudió su cabeza lentamente de lado a lado, remarcando sus movimientos. – Lo siento, pero no lo entiendo. No entiendo por qué te fuiste, no entiendo por qué has vuelto. Esto no es una película de Holliwood. Aquí la puerta no se abre por arte de magia, y todo vuelve a la normalidad. Las cosas han cambiado. Yo he cambiado. Y si de verdad me echas de menos… -de nuevo el silenció se hizo partícipe de la conversación. – demuestrámelo.

Volvió a mirarla. Bajó de nuevo la vista. Sus manos temblaban, como la primera vez que la besó. Él recordó esa situación. Se acercó a ella, y, pillándola por sorpresa, la besó los labios. Un beso suave, dulce. Sus labios se separaron, y, sin separarse de ella, la susurró al oído:

- Para mí sigues siendo alguien muy importante. Pero toda acción tiene su consecuencia. Si me echas de menos, demuéstramelo.

Se separó de ella. Poco a poco, se fue acercando a la puerta. Sacó las llaves y empujó la puerta del portal hacia dentro. Ahí, esperó.

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Reencuentro – Él

8 Abril, 2009

Paseaba en dirección a su casa. Había pasado la tarde sentado en un banco en la calle, mirando a la gente pasar. Observando rostros sin nombre, imaginando como serán sus vidas por su caminar. Al llegar la noche se incorporó de su asiento y pensó en no regresar a casa esa noche. En buscar un lugar donde poder tomar un café y simplemente ver pasar las horas. Ahora nadie le esperaba, a nadie le importaría verle llegar a la mañana siguiente. Sin embargo, vio que no llevaba dinero encima.

Resignado, metió las manos en sus bolsillos y buscó la calle que le llevara a su hogar. Caminaba despacio, parando en los escaparates, mirando cosas que no necesitaba.

Cuando dobló la esquina, creyó verla. Sin embargo, su imaginación solía pasarle malas jugadas. Se acercó a la chica por detrás, y una ola de su fragancia llegó a su nariz.

Ella se dió la vuelta. No cabía duda, era ella. Le esperaba en su portal.

- ¿Por qué? – Preguntó él.

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Fría humedad – Él

8 Abril, 2009

Su rostro apuntaba en dirección a la ventana, pero la oscuridad le impedía vislumbrar el exterior del vagón. El aire olía a humedad. A humedad y a sudor. El frío de la noche traspasaba a través del cristal cerrado. Se abrochó la cazadora.

Aunque viajaba con gente a su lado, él se sentía solo en el compartimento. Sin embargo, era una soledad que no era dolorosa. Era una soledad agradable, necesaria. Una soledad a la que podía acostumbrarse.

Una soledad a la que ya se había acostumbrado.

Porque los cambios se producían tan rápidamente que en ocasiones no se puede sino añorar el pasado. Él sabía que no volvería a amar. Porque no lo necesitaba. Había saboreado el sabor de la compañía, guardaba el olor de la añoranza, y alimentaba un recuerdo que tal vez le haga tomar decisiones antes impensables.

Miró a su alrededor, sonrió, e intentó imaginar en qué pensaba ella en ése momento.

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Él – Finale

2 Marzo, 2009

- No sé por qué, pero no me ha sorprendido.

- ¿Qué crees que ha sucedido?

- Quizá ha sido por mi, quizá a sido por ella. Quizá ha llegado un punto en el cual no podíamos seguir. Quien sabe…

- ¿Y como te sientes ahora mismo?

- ¿La verdad? Indiferente. Ha sido como llevarse algo de mí, pero no siento nada. No siento alegría, ni pena. Noto como si andara más ligero. Es esa sensacíón de indiferencia la que me desconcierta y me asusta.

- ¿Y que vas a hacer?

- Cojer lo necesario, agarrar ese débil recuerdo que dejó al marcharse, despedirme… e irme.

- ¿Irte?

- Sí. Tengo un lugar…

- ¿Por qué vas a irte?

- No porque me duela su recuerdo. Supongo que es algo de lo que se aprende, pero, sin embargo, siempre he querido irme de aquí. Pero no me atrevía. Quiero aprovechar este estado para iniciar algo. Tengo dinero ahorrado. Tengo lugar donde quedarme, al menos por un tiempo. Y, lo que creo mas importante, tengo a quien contarle cómo me siento. Deseéme suerte.

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Él – Correr

20 Enero, 2009

Aprovechó que ella se metía en la ducha para salir a hacer ejercicio. Le encantaba esa sensación.

Al correr, se sentía otro. Era como si dejara atrás su mente, su cuerpo, su alma. Dejaba que los árboles pasaran a su lado, y sin mirar atrás, continuaba su carrera.

Corría hasta que pensaba que era suficiente. Al parar, perdía el aliento. Sólo entonces notaba el cansancio, su respiración se volvía costosa y sus piernas temblaban.

Sin embargo, al poco, estaba de nuevo recuperado.

Volvió a casa, se cambió de ropa y comenzó a preparar el desayuno sin darse cuenta de que ella había salido de la ducha y se acercaba por su espalda, cubriéndola solo una toalla blanca.

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Él (2ª Entrevista)

15 Enero, 2009

- Volvemos a vernos por aquí, ¿qué tal ha ido la semana?

- Ha sido…extraña.

- ¿Por qué?

- Bueno, probablemente ya sepa de esto, pero un día, al despertar, dije algo sin pensarlo demasiado.

- ¿Sobre lo de abandonar la ciudad?

- Así es.

- ¿Y por qué crees que no lo pensaste demasiado?

- Tal vez fue una reacción debida a alguna situación. Tal vez quería alejarme de algo. Todavía no se de qué se trataba. Pero, al verla a ella, algo me dijo en mi interior “Seriais mas felices fuera de aquí”. Solo eso. Y lo dije.

- ¿Qué te pareció su reacción?

- Al principio me extrañó. Pensaba que se alegraría, que querría hacer algo como eso. Pero luego, tras haberme tomado un café, mis ideas se aclararon. Tenemos una vida aquí, y no es tan facil dejar eso tan rápida y fácilmente. Comprendí su reacción, y al final, acabé aceptándola.

- ¿Entonces ya no quieres irte de aquí?

- Por supuesto que quiero…pero la quiero más a ella. No creo que pueda dejarla. No quiero dejarla. No quiero dejar lo que tanto tiempo nos ha costado construir.

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Él (3ª Parte (II))

13 Enero, 2009

Cuando él abrió los ojos, ella permanecía despierta a su lado. Ambos sonrieron por el simple hecho de despertar juntos.

- Buenos días – Susurró él.
- Buenos días, dormilón – Respondió ella.
- ¿Sabes? He estado pensando. Más bien dicho, recordando. He recordado un momento en el que estaba en la estación. Después de la comida, mientras me tomaba el café, contemplaba a la gente que iba y venía. Todos se dirigían a alguna parte. Si nosotros quisiéramos, podríamos convertirnos en alguien como ellos. Subirnos a algún tren y llegar a algún lado distinto. Piénsalo. – Dejó una pausa y aprovechó para mirar por la ventana. Fuera nevaba. – Dejar todo lo que tenemos aquí, abandonarlo todo, ir a una ciudad desconocida, empezar de cero. Como quien abre al azar una página de un cuaderno en blanco.

Ella le miraba seria y atenta, el hecho de que le propusiese una cosa así nada más levantarse en primer lugar le provocó desconcierto.

- ¿Has tenido una premonición esta noche y por eso me preguntas eso? -dijo alzando las cejas.

Con cuidado se incorporó y se quedó sentada en la cama, mirando hacia la ventana viendo caer los copos de nieve.

-Irnos… – Se lo imaginó, en su mente… un tren y su ciudad natal desapareciendo a sus espaldas. Todo lo que había ocurrido a lo largo de su corta vida desapareceria tras la ventana de ese vagón. Una sensación angustiosa se colocó en su estómago y ella se palpó con la mano, presionandose un poco y agachando la cabeza. -Me da miedo… – Esa era su respuesta para todo.

Quizá fuese la chica más miedica del planeta.

- ¿Premonición? No las necesito. – Contestó él.

Se acercó a ella poco a poco. Cruzó sus brazos, poniéndolos sobre el estómago de ella. Posó la cabeza sobre su hombro. Acercó la boca a su oído.

- Y no tienes por qué tener miedo. Estoy aquí, contigo. – Susurró. – Y siempre lo estaré.