Subes al autobús. Ni siquiera te molestas en encender la música. Éste arranca. Poco a poco ves cómo las tiendas, ya cerradas, y las personas, apresuradas, desaparecen por tu espalda. Ni siquiera notas cuando llega a las paradas. Sin embargo, el movimiento de gente subiendo al autobús te hace mirar hacia la parte delantera.
Y ves su imagen. No puedes imaginar la cara que pones al verla. Ella te mira y sonrie.
Al ver que tu mirada ha sido descubierta, te apresuras a desviar tu ángulo de visión hacia la ventanilla.
Ves que se acerca.
“No, no puede ser ella.” Te dices a tí mismo. Ella está muy lejos de aquí. O, al menos, eso fue lo que te dijo.
Cuando se sienta a tu lado, sientes como toda la cena se revuelve en tu estómago. Tu respiración toma un ritmo incontrolado, acompañando a los latidos de tu corazón.
“Todo el autobús está libre…¿Por qué se sienta aquí?”
- Vaya viento, ¿no? – Empieza ella
- Sí – Contestas
Sonríes timidamente, sin mirarla directamente. Ella permanece con sus ojos clavados en tí, y con una sonrisa en la cara.
- ¿Vas de fiesta ahora?
- No, vuelvo a casa. – Contestas
- Bah, vente… Si no, me tocará ir sola.
Le dices que lo sientes, pero que no es posible, que te esperan. Ella admite la negativa, pero parece interesada en tí.
- ¿Cuántos años tienes?
No respondes. Tu mirada está orientada hacia el exterior, donde intentas decirte a tí mismo que no es ella quien está sentada a tu lado.
Que simplemente es una coincidencia.
Ella, sin embargo, prosigue preguntando:
- Bueno, y, ¿qué estudias?
No le das respuesta. Ella parece que se inventa una, pues continúa:
- ¿Y dónde estudias ahora?
Tu vista sigue fija en la ventanilla. No puedes creer que sea ella. No quieres creer que sea ella.
- Jo, chico, que soso…
- Ahá – Respondes.
- ¿Has tenido un mal día? Se que no soy mas que la chica que te dió conversación en el autobús, pero creo que por eso puedes contarme lo que sea. Ya lo sabes.
Sigues negándote una y otra vez que es ella. Sin darte cuenta, casi te pasas la parada. Ella se levanta al ver que tu te incorporas.
- Gracias – Dices.
- Las que tú tienes – Responde.
“Demasiado parecidas para ser una coincidencia”.
Sales del autobús. Al irte, no puedes evitar mirar por última vez a la chica del bus. Ella se despide con la mano y una sonrisa. Le devuelves el saludo con la cabeza. “Si es ella se ha vuelto a cambiar de peinado”
Al llegar a casa, estás desorientado. Desganado. Tal vez sea por el cansancio. Decides irte a dormir.
Sin embargo, en tu cama, no consigues conciliar el sueño. Su rostro se evoca una y otra vez en tu mente. “Tendría que habérselo preguntado”
Cierras los ojos por un instante. Al abrirlos, no estás en tu cama. Estás en medio de un campo. Una suave brisa te mece. Ves una vieja locomotora de vapor viniendo hacia ti. Vuelves a cerrar los ojos. Los abres. Tú, en un teatro, estás sentado en el escenario sobre un taburete, y con una guitarra en las manos. Miras hacia el público y ves una silla vacía en la primera fila, extrañamente iluminada, como para que te fijes en ella. No consigues distinguir el rostro de las demás personas debido a la oscuridad. Los cierras. Vuelves a abrirlos. Reconoces ese lugar. La habitación de tus sueños. Ella parece plácidamente dormida, como si no hubiera podido aguantar despierta a tu llegada. Te incorporas de la cama. Te acercas al espejo.
Allí, ves tu imagen reflejada.
- Sorpresa – Dice ésta.


