
¿Y ahora, qué?
25 Mayo, 2009Permanecíamos sentados desde hacía más de dos horas. Para mí sólo estábamos hablando desde hacía un par de minutos.
- Nuestras vidas actuales son complejas. -Añadí- Muy complejas. Ninguna otra generación humana ha tenido que gestionar y resolver el torbellino de impactos que recibimos a diario de forma global. No tenemos tiempo ni hacemos espacio suficiente al encuentro con nosotros mismos. Al no hacerlo, la vida nos lleva como náufragos de aquí para allá, según sopla el viento. Culpamos a las tormentas pero quien se mete en ellas somos nosotros. Por eso, de vez en cuando hay que quedarse en alguna isla que nos permita un remanso de paz y buena sombra para meditar.
- Leonardo da Vinci solía decir que “la mayoría de la gente mira sin ver; oye sin escuchar; toca sin sentir; come sin saborear; se mueve sin saber lo que hace; respira sin darse cuenta de los aromas o las fragancias y habla sin pensar”. Ese es el riesgo de entregarse a una vida plana, a una vida encerrada entre la mente, el trabajo y ver la televisión. Más allá del mundo de los pensamientos, existen planetas de sensibilidad, creatividad, de gozo intelectual y experiencias de unidad y compasión. ¿Por qué no dejar que estos planetas inspiren tu día a día? ¿Por qué no decir “¡basta ya a lo de siempre!”, que para colmo no funciona?
- ¿Y qué hago con el pasado? -Repliqué.
- ¿Puedes mirar atrás, lo que ha sido tu vida hasta ahora y sentirte en paz y tranquilidad? ¿Puedes mirar tu pasado y sentirte agradecido por todo lo que has vivido? ¿Puedes reconocer en los hechos de tu vida los diferentes caminos que te han llevado hasta este momento, aquí y ahora, y aceptarlos plenamente?
Aparté la mirada.
- Cualquiera que sea la ruta que quieras seguir de ahora en adelente en tu vida – Continuó- pasa por dejar bien resuelto tu pasado. No podrás hacer un largo recorrido con una mochila cargada con lastres que impidan andar ligero. Tampoco te servirá de nada cambiar sin volver nunca más la vista atrás. Sin aprovechar la experiencia y los aprendizajes realizados. Vale la pena quitarse peso de encima sin que esto suponga vivir encadenados al pasado. -Guió con su mano mi cara para que nuestros ojos quedaran a la misma altura- “¿Vale realmente la pena arrastrar un pasado que no podemos cambiar?” Instalarse en el pasado es hacerlo en el territorio de la ofensa ocupando nuestra memoria con el recuerdo obsesivo de situaciones dolorosas pasadas y devolviéndolas una y otra vez a nuestro presente, invirtiendo de forma destructiva nuestra energía emocional.
- Sé que no tiene sentido instalarse en el pasado, pero a la vez, hay que acudir a él cuando dejamos facturas por pagar. Lo malo de nuestras viejas heridas es que no prescriben, no llega un día en el que se archivan. Están ahí, aunque creamos haberlas olvidado con el paso del tiempo. Sabemos que siguen existiendo porque algún aspecto de nuestra vida no va bien, queda paralizado…no fluye. Lo sabemos porque seguimos soñando de vez en cuando con ello. Existe porque una situación empieza a repetirse, una y otra vez. Lo sabemos porque el cuerpo se expresa, porque se contrae, se vuelve rígido, enferma.
- Lo que la mente no puede entender el cuerpo lo descubre si le damos la oportunidad de que nos lo cuente, si aprendemos a leerlo, si escuchamos sus mensajes. No solo quedan atrapadas en el pasado aquellas personas que han sufrido situaciones traumáticas, ¿sabes?, sino también las que han vivido experiencias de plenitud a través de actividades o vocaciones que les han proporcionado mucha felicidad. -Ahora era ella la que apartaba la mirada- Pasar de una vida llamémosle de “alto voltaje” a otra más serena y tal vez algo monótona tiene un coste de adaptación que parece imposible. No sólo se añora aquella plenitud, sino que se sigue buscando, a veces desesperadamente, en relaciones, en multiactividades o en todo tipo de adicciones, siendo la primera de ellas volver a sentir aquel goce perdido. ¿Cómo renunciar a esos estados? ¿Cómo ajustarlos a la madured vital y a la cotidianidad? Es duro vivir buscando un pasado perdido y proyectándolo continuamente en el futuro, para descubrir cada día, al anochecer, que el presente no ha traído nada nuevo. Mucho menos el ayer. “El pasado no es el origen del presente; el presente es el origen del pasado y el origen del futuro”. Todo lo que hacemos, tambien revolver el pasado, es una actitud realizada en el presente.
De su rostro caía una lágrima que ella rápidamente ocultó con sus dedos.
- Hay que aligerar el pasado, no entretenerse demasiado en un buceo inacabable por nuestras propias profundidades, a riesgo de quedarnos sin oxígeno para respirar. -Su frase me recordó a la letra de la canción de Vetusta Morla- Hay que salir de ahí lo antes posible. Podemos hacerlo a partir de darnos permiso a nosotros mismos.
- No es tan fácil. -Repliqué.
- Éso es solo una creencia, no una certeza. Pruébalo y descubre si es o no posible. Salta de ese pasado que te lleva continuamente al allí y al entonces, para permitirte vivir en el presente continuo.