Llevo una semana de clases, y me han hecho recordar el blog.
Ahora vuelvo a él despúes de un par de semanas de inactividad, para realizar una práctica.
Buena excusa para volver a él, que he dejado el scene20 perdido a la mitad…

Llevo una semana de clases, y me han hecho recordar el blog.
Ahora vuelvo a él despúes de un par de semanas de inactividad, para realizar una práctica.
Buena excusa para volver a él, que he dejado el scene20 perdido a la mitad…

No tengo ni puta idea de lo que voy a hacer.
“Asín” de claro.
Ignoro qué va a pasar después de este año. Y lo mejor es que tengo opciones. Si no las tuviera, simplemente me lamentaría de no poder decidir. Pero puedo. Lo malo, es que tengo varias. No sé donde voy a ir. No se siquiera si voy a irme. No sé si quiero dejar esta ciudad. Mucha gente hace planes para un tiempo en el que no sé si yo estaré. Quiero con todas mis fuerzas abandonar este pueblo. Pero por otra parte siento que bastante me ha constado hacerme un lugar aquí. Se que si me quedo al año que viene, seguramente le siga otro. No puedo cambiar de ciudad en medio de un grado. Las lecciones son diferentes, los profesores, los compañeros, los horarios… No lo sé. Pienso que todo va a ser diferente, pero él siempre está ahi para recordarme y advertirme que nada es como nos lo imaginamos. Que todo es mucho más complicado que todo eso. Que de pensarlo a vivirlo hay un paso. Todo eso yo lo se, pero de ilusiones vive el hombre. Aunque duelan.
La verdad…necesito dinero. Necesito un trabajo. Y si le encuentro aquí este año… quizás me quede. Hay que ver las vueltas que da la vida.
No, si al final, acabaré tirando una moneda al aire, para que la suerte decida mi destino, como tantas veces he hecho. Y como seguramente siga haciendo…
Aunque me coma las ganas de hacer otra cosa…

Como si fuera una decisión que condicionara su vida, se quedó mirando su mano. Recordaba esa situación como si fuera una película. Como si al tomar esa pastilla, todo cambiaría. Vería el mundo de otra manera, olvidara quien era y comenzara a ser otro ser diferente. Se recostó mirando al techo. Intentó dejar la mente en blanco. Ni aún así lo conseguía. Rojo o azul. Tomarla, y cambiar todo; o no hacerlo, y seguir siendo la misma. “¿Tal difícil es esto?”, pensó. Se incorporó. Abrió la ventana y salió al balcón, ignorando que estaba en ropa interior, y en el exterior era invierno. Miró a los transeúntes que paseaban. Imaginó las preocupaciones de cada uno. Llegar a fin de mes, que sus hijos le aprueben todo, conseguir un ascenso… Volvió a entrar en el salón. Abrió la mano, en la cual seguía todavía la pastilla intacta. Buscó su vaso de agua en la mesa situada en el centro de la habitación. Allí, arrojó la pastilla y observó cómo se iba disolviendo. En cuanto ésta estuvo lista, se lo tomó de un trago. Al fin y al cabo él no se merecía que a ella le doliera la cabeza, ni ocupar todo el espacio en su mente y en su cuerpo. Sin embargo, así era. Se tumbó en el sofá, cerró los ojos y esperó que aquel calmante hiciera su efecto, mientras ella trataba de borrar las ganas de besarle. Al fin y al cabo, no merecía la pena su esfuerzo. Él era mayor que ella, y no creía que se pudiera fijar en esa típica chica de ciudad. Por lo que, simplemente, se dejó llevar al mundo de los sueños, mientras aquella idea que tenía de su chico ideal le iba arropando sus esperanzas y anhelos. “Es mejor una sorpresa sin espera que una desilusión, aunque sea sólo pasajera”, se dijo a sí misma.

El amante llamó a la puerta de su amada.
—¿Quién es?— preguntó la amada desde dentro.
—Soy yo—, dijo el amante.
—Entonces márchate. En esta casa no cabemos tú y yo.
El rechazado amante se fue al desierto, donde estuvo meditando durante meses, considerando las palabras de la amada. Por fin regresó y volvió a llamar a la puerta.
—¿Quién es?
—Soy tú.
Y la puerta se abrió inmediatamente.
Altar de Neishapur

- No desperdicies tu vida. Nadie elige la mediocridad, pero muchos se acomodan en ella. No te acomodes.
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Lo mas terrible se aprende enseguida
y lo hermoso nos cuesta la vida.Fragmento de Canción del elegido,
de Silvio Rodríguez
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El pasado vuelve y te enseña una lección, mientras que tu otro presente da golpecitos en tu cabeza ayudándote a tomar la decisión adecuada.
Otro día, si a alguien le interesa, y si promete un rato y no asustare ante lo que le diga, prometo contar qué me pasa. Pero dudo que suceda. Para eso ya está él. Pero contarle tus problemas al propio problema no suele solucionar nada. Simplemente te acaba llamando loco tu propia sombra.
Hay que ver lo que me gustan los títulos con puntos suspensivos…

Iba a escribir hace una semana varios textos. Cantidad de palabras una detras de otra. Pero no. Al final no lo voy a hacer. Porque creo que ya va siendo hora de dejar atrás eso que pasó. Porque, aunque hayan hecho tres años hace una semana, eso no cambia nada. Mi actitud ante ello si. Porque no puedo pasar de algunas cosas. No quiero pasar de algunas cosas. Ni de algunas personas.
Ahora que lo pienso, hace mucho que no escribo sobre nada. La verdad es que han pasado muchas cosas. Pero, no se por qué, ya no escribo sobre ello. A pesar de que me gustaría contarlo. Tal vez es porque me dura menos que nunca la ilusión. Quiero hacer algo, pero cuando veo que no es como pensaba… me rindo. Y querría hablar de muchas cosas. De muchas dudas, de muchas ideas, de… No sé. Y odio no saber.
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Al final, voy a acabar creyendo en el destino. Tantas coincidencias tienen que estar planeadas.


¿El arte es necesario?
¿Por qué?
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Cartel en un vagón del metro de Barcelona

Viajar en tren ya no es lo que era. Ya nadie grita aquello de ‘pasajeros al tren’. Un molesto pitido es el único que te advierte de que se van a cerrar las puertas. Ya no hay atentos y cumplidos revisores. Hacemos cola, impacientes, para que una canceladora nos deje pasar. De hecho, los trayectos son tan cortos que a ningún escritor de misterio se le ocurriría novelar un asesinato y la minuciosa búsqueda del culpable en uno de los vagones.
Y sin embargo, a tí te importa eso menos que nada. Solo quieres ver una imagen bajando del tren. Y te tiemblan las manos. Piensas que decir, que hacer. No sabes qué ha cambiado. En realidad, sabes que nada ha cambiado. Pero…
Y la ves. Y ríes, y hablas… Y te alegras que, de vez en cuando, el pasado vuelva para darte ese empujoncito que necesitabas.

Estoy caminando de espaldas al sol para así poder ver mi sombra proyectada en el suelo y tener una certeza de que soy real y no un simple pensamiento deforme de una mente trastornada.
Y cada paso que doy es como si caminara sobre mí mismo, como si me pisara a mí mismo. Cada paso que doy es como un latigazo en mis espaldas, como un querer llegar y no poder alcanzar, como esos sueños en los que quieres correr muy deprisa pero no consigues avanzar y algo terrible te persigue y te angustias y desesperas y te levantas sobresaltado como si hubieras conseguido librarte de algo terrible. Duermo poco y mal y me despierto con el estómago contraído y doliente y esa sensación no se va ya en todo el día, y por la noche todo vuelve a empezar y no termina, no termina nunca. Y si no es una cosa será siempre otra y no podré estar jamás tranquilo.

Permanecíamos sentados desde hacía más de dos horas. Para mí sólo estábamos hablando desde hacía un par de minutos.
- Nuestras vidas actuales son complejas. -Añadí- Muy complejas. Ninguna otra generación humana ha tenido que gestionar y resolver el torbellino de impactos que recibimos a diario de forma global. No tenemos tiempo ni hacemos espacio suficiente al encuentro con nosotros mismos. Al no hacerlo, la vida nos lleva como náufragos de aquí para allá, según sopla el viento. Culpamos a las tormentas pero quien se mete en ellas somos nosotros. Por eso, de vez en cuando hay que quedarse en alguna isla que nos permita un remanso de paz y buena sombra para meditar.
- Leonardo da Vinci solía decir que “la mayoría de la gente mira sin ver; oye sin escuchar; toca sin sentir; come sin saborear; se mueve sin saber lo que hace; respira sin darse cuenta de los aromas o las fragancias y habla sin pensar”. Ese es el riesgo de entregarse a una vida plana, a una vida encerrada entre la mente, el trabajo y ver la televisión. Más allá del mundo de los pensamientos, existen planetas de sensibilidad, creatividad, de gozo intelectual y experiencias de unidad y compasión. ¿Por qué no dejar que estos planetas inspiren tu día a día? ¿Por qué no decir “¡basta ya a lo de siempre!”, que para colmo no funciona?
- ¿Y qué hago con el pasado? -Repliqué.
- ¿Puedes mirar atrás, lo que ha sido tu vida hasta ahora y sentirte en paz y tranquilidad? ¿Puedes mirar tu pasado y sentirte agradecido por todo lo que has vivido? ¿Puedes reconocer en los hechos de tu vida los diferentes caminos que te han llevado hasta este momento, aquí y ahora, y aceptarlos plenamente?
Aparté la mirada.
- Cualquiera que sea la ruta que quieras seguir de ahora en adelente en tu vida – Continuó- pasa por dejar bien resuelto tu pasado. No podrás hacer un largo recorrido con una mochila cargada con lastres que impidan andar ligero. Tampoco te servirá de nada cambiar sin volver nunca más la vista atrás. Sin aprovechar la experiencia y los aprendizajes realizados. Vale la pena quitarse peso de encima sin que esto suponga vivir encadenados al pasado. -Guió con su mano mi cara para que nuestros ojos quedaran a la misma altura- “¿Vale realmente la pena arrastrar un pasado que no podemos cambiar?” Instalarse en el pasado es hacerlo en el territorio de la ofensa ocupando nuestra memoria con el recuerdo obsesivo de situaciones dolorosas pasadas y devolviéndolas una y otra vez a nuestro presente, invirtiendo de forma destructiva nuestra energía emocional.
- Sé que no tiene sentido instalarse en el pasado, pero a la vez, hay que acudir a él cuando dejamos facturas por pagar. Lo malo de nuestras viejas heridas es que no prescriben, no llega un día en el que se archivan. Están ahí, aunque creamos haberlas olvidado con el paso del tiempo. Sabemos que siguen existiendo porque algún aspecto de nuestra vida no va bien, queda paralizado…no fluye. Lo sabemos porque seguimos soñando de vez en cuando con ello. Existe porque una situación empieza a repetirse, una y otra vez. Lo sabemos porque el cuerpo se expresa, porque se contrae, se vuelve rígido, enferma.
- Lo que la mente no puede entender el cuerpo lo descubre si le damos la oportunidad de que nos lo cuente, si aprendemos a leerlo, si escuchamos sus mensajes. No solo quedan atrapadas en el pasado aquellas personas que han sufrido situaciones traumáticas, ¿sabes?, sino también las que han vivido experiencias de plenitud a través de actividades o vocaciones que les han proporcionado mucha felicidad. -Ahora era ella la que apartaba la mirada- Pasar de una vida llamémosle de “alto voltaje” a otra más serena y tal vez algo monótona tiene un coste de adaptación que parece imposible. No sólo se añora aquella plenitud, sino que se sigue buscando, a veces desesperadamente, en relaciones, en multiactividades o en todo tipo de adicciones, siendo la primera de ellas volver a sentir aquel goce perdido. ¿Cómo renunciar a esos estados? ¿Cómo ajustarlos a la madured vital y a la cotidianidad? Es duro vivir buscando un pasado perdido y proyectándolo continuamente en el futuro, para descubrir cada día, al anochecer, que el presente no ha traído nada nuevo. Mucho menos el ayer. “El pasado no es el origen del presente; el presente es el origen del pasado y el origen del futuro”. Todo lo que hacemos, tambien revolver el pasado, es una actitud realizada en el presente.
De su rostro caía una lágrima que ella rápidamente ocultó con sus dedos.
- Hay que aligerar el pasado, no entretenerse demasiado en un buceo inacabable por nuestras propias profundidades, a riesgo de quedarnos sin oxígeno para respirar. -Su frase me recordó a la letra de la canción de Vetusta Morla- Hay que salir de ahí lo antes posible. Podemos hacerlo a partir de darnos permiso a nosotros mismos.
- No es tan fácil. -Repliqué.
- Éso es solo una creencia, no una certeza. Pruébalo y descubre si es o no posible. Salta de ese pasado que te lleva continuamente al allí y al entonces, para permitirte vivir en el presente continuo.